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Paso a transcribir literalmente el contenido de dicha noticia para terminar haciendo una serie de conclusiones al pie de la misma.
 
La noticia en cuestión dice así:
 
«El ministro de Justicia, Francisco Caamaño, ha presentado este martes un estudio que recomienda a los magistrados emplear un lenguaje más sencillo y comprensible para el ciudadano y olvidar los términos «crípticos» y «oscuros» que a menudo aparecen en las resoluciones judiciales.

El 82% de los ciudadanos considera que el lenguaje jurídico es excesivamente complicado y difícil de entender, según un reciente estudio del CGPJ. Por ello, el Consejo de Ministros impulsó en diciembre de 2009 una Comisión de Modernización del Lenguaje Jurídico, presidida por Juan Carlos Campo.
 
En el ‘Informe de la Comisión sobre la modernización del lenguaje jurídico’ presentado hoy por el titular de la cartera de Justicia han participado en su elaboración miembros de su Ministerio, de la Real Academia Española (RAE), del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) de la Abogacía Española y de la Fiscalía General del Estado así como profesores de Universidad y profesionales de los medios de comunicación.
 
El ministro ha puesto de relieve la importancia de este «ambicioso» y «pionero» informe para dejar atrás la «baja calidad comunicativa de la Justicia» en favor de una Administración que le transmita «seguridad» y «certeza». «Los operadores de la Justicia deben saber que ocultándose tras las palabras lo único que se consigue es hacer daño a los propios justiciables», ha añadido.
 
«Una Justicia que no se comprende difícilmente puede ser entendida como Justicia», ha proseguido Caamaño, quien ha enfatizado que este manual servirá para «apuntalar una línea de trabajo institucional» y abrir una «reflexión» entre comunicadores y profesionales del Derecho.
 
Y para mostrar lo ininteligibles que resultan en ocasiones algunas sentencias, el propio Caamaño ha leído un extracto de una de ellas que destacaba por su extensión y falta de claridad.
 
Evitar gerundios y párrafos extensos.-

En este contexto, el secretario de Estado de Justicia, Juan Carlos Campo, ha explicado que el informe apuesta por emplear «frases cortas» en lugar de «párrafos largos, subordinadas, pasivas y gerundios» que dificultan la comprensión del contenido del acto judicial. «Las recomendaciones se dirigen hacia un lenguaje sencillo, que siga las pautas de la propia Academia», ha añadido.
El ‘número dos’ de Justicia ha enfatizado la importancia de que el ciudadano «comprenda aquello que se dice sobre él» y que «determina sus relaciones en la vida social». A su entender, los usuarios deben ver la Justicia como «la primera instancia a la que consultar» en lugar de la «última a la que acudir» para resolver sus problemas.
 
Durante la presentación, el exdirector de la Real Academia de la Lengua Víctor García de la Concha, ha subrayado el servicio de esta institución a los diferentes Gobiernos al tiempo que ha destacado que el manual ha abierto «el camino para cobrar conciencia de que en el fondo está la garantía del administrado de saber de qué se le está juzgando.
 
Tras él, el académico de la RAE Salvador Gutiérrez ha celebrado los «brotes verdes» que apuntan a la utilización de un lenguaje más transparente, claro y comprensible en contra de términos «crípticos y arcaicos».
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Esta noticia provoca en mí sentimientos encontrados: por un lado, estupor -ya hay Comisiones para todo- y miedo ante la posible vulgarización de lo que entendemos un lenguaje técnico jurídico que ha evolucionado a lo largo de muchos siglos, pero que sigue manteniendo la esencia de nuestras más hondas tradiciones romanas; por otro, comprensión ante ciertos casos concretos relativos a algunas resoluciones judiciales que, todo hay que reconocerlo, se limitan a un corta-pega con resultados ininteligibles o se encuentran repletas de circunlonquios, frases interminables y cierto grado de cursilería.
 
Dicho lo anterior y aunque es difícil opinar en abstracto, mis conclusiones son las siguientes:
 
1. No a la vulgarización
 
En la España de nuestros días tristemente suele ocurrir que se tiende a igualar por lo bajo en cualquier situación, esto es, se aplica la «ley del mínimo esfuerzo» (qué curioso, hasta la vagancia tiene nombre de ley). Esto hace peligrar, como he comentado antes, la riqueza de nuestro lenguaje jurídico.
 
Todas las cosas en la vida común tienen un nombre. Lo mismo sucede en el ámbito del Derecho: que cada institución tiene una denominación concreta y que cualquier acto o negocio que se realice en la vida jurídica tiene una traducción en terminología jurídica y conceptos concretos y adecuados que hacen que cuando nos referimos a ellos no den lugar a dobles sentidos ni equívocos.
 
Por otro lado, igual que la cultura es importante en la vida en general, lo es mucho más en el mundo del Derecho, máxime si te dedicas a una profesión relacionada con el mismo.
 
2. Sí a la conservación de los términos y expresiones propios de ámbito del Derecho
 
Al igual que sería ridículo intentar comprender todos los términos científicos o médicos, o pedirle a los profesionales de tales ámbitos que prescindan de tecnicismos para elaborar sus informes, también lo será en la atmósfera jurídica. Tales conceptos y expresiones, por cierto, sólo se adquieren tras muchos años de dedicación, esfuerzo y estudio.
 
3. La labor del abogado
 
Los profesionales del Derecho en general y los abogados, en particular, tenemos como misión tender un puente entre nuestros clientes, personas que acceden a la justicia, y las resoluciones judiciales y explicar de la forma más clara y detallada posible, tanto los conceptos jurídicos, como el alcance y efectos de las resoluciones judiciales. (Pinche aquí si quiere consultar los servicios de este portal al respecto).
 
3. Sentencias infumables
 
Aunque atrás quedaron los gerundios (ay, aquellos considerandos…) y las sentencias son cada vez más accesibles en cuanto al uso de los tiempos verbales, no mentimos ni quitamos importancia al asunto: Cualquiera que haya buscado jurisprudencia alguna vez en su vida sabe que existir, existen. Pero muchas veces no se trata de términos jurídicos ni de «ocultarse tras el lenguaje», como se dice en la noticia, sino de la propia oscuridad del juez o magistrado en cuestión.
 
Entender esto es bastante sencillo: hay unos profesionales más claros que otros. Por desgracia, no todo el mundo tiene el don de saber expresarse por escrito de forma breve, concisa y concreta. Pese a que hay muchos jueces y magistrados que son grandes comunicadores, sí que es cierto que en otros casos, la verdad, sí se agradecería el esfuerzo. 🙂
 
En conclusión, desde IurisConsultas Abogados deseamos que modernizar el lenguaje no se traduzca en vulgarizarlo, aunque sí se haga un esfuerzo de concreción y claridad, pero siempre dentro de la terminología jurídica especializada.
 
Mª Ángeles Rico Zafra.
Abogado. Directora IurisConsultas Abogados.
 
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